domingo, 26 de junio de 2016

Reino Unido dividido

Es evidente que el referéndum ha dividido al Reino Unido en dos mitades casi iguales, pero también ha dividido al país territorial y generacionalmente. El brexit ha ganado en el norte y en el este del país y el bremain ha ganado en Escocia, en Irlanda del norte, en la zona de Londres y en el resto del país.

Por generaciones el referéndum ha dividido entre los jóvenes, partidarios en su mayoría de la permanencia, y los de edad madura (la forma políticamente correcta de decir ancianos o viejos), partidarios del brexit.

Según la clase social, los obreros y parados han votado por el brexit y las clases medias y ricas por el bremain. Por ejemplo, todos los relacionados con el mundo de las finanzas se tiran de los pelos: #whathavewedone, ¿que hemos hecho? Se prevén miles de despidos en el sector financiero londinense, en la city. Si hay algún sector en el que destaca el Reino Unido es el financiero. La bolsa de Londres es (aún lo es) la más importante de Europa, seguida bastante de cerca por la de Frankfurt.

Hay muchos analistas que piensan que los obreros y los pobres votaron en contra del status quo porque esta gente piensa que son los postergados de la sociedad, que la globalización les deja atrás y retrasados. De algún modo esta convicción les inmunizó contra la publicidad cuasi-oficial de los grupos a favor del bremain.

Otro factor que ha podido influir es la inmigración. Muchos obreros piensan que los inmigrantes les roban los puestos de trabajo y que la UE tiene mucho que ver con ello, aunque ambas cosas son puras mentiras. El RU tiene un desempleo del 5% y la UE no tiene nada que ver con la inmigración en el RU. En realidad es justamente lo contrario: el RU nunca quiso coordinar sus políticas de inmigración con el resto de la UE, por lo que si hay algo de que quejarse el culpable es David Cameron, no Bruselas. Pero los partidarios del brexit emplearon estos argumentos mintiendo descaradamente y los resultados ya los conocemos. Casi oso decir que una buena parte de los que votaron por el brexit querían oír lo que oyeron y ello dio una justificación a lo que querían votar. O dicho de otro modo, querían vengarse del gobierno y los argumentos por el brexit les dio una justificación para ello. "Los inmigrantes nos roban puestos de trabajo" quería decir, "Cameron, te odiamos porque te has alejado de nosotros."

En el fondo pienso que el argumento es otro. Acabo de escribir en el párrafo anterior la siguiente frase: "Los inmigrantes nos roban puestos de trabajo", pero creo que los obreros y los mas pobres querían decir: "Estamos terriblemente enfadados con el Gobierno o con el sistema porque cobramos cada década que pasa sueldos más pequeños y pensiones más raquíticas".

Y es que hay una Gran Bretaña atrasada que sueña con viejas glorias del pasado, apartada por la globalización mundial de un futuro mejor y otra, la de los jóvenes y los que se integran mejor en un mundo globalizado y más pequeño.

Pienso que hay un paralelismo entre la Gran Bretaña que ya votó en el referéndum y los Estados Unidos que van a votar en noviembre en sus elecciones presidenciales. Los partidarios de Donald Trump son equivalentes, en alguna medida, a los partidarios del brexit en el RU: son blancos de edad madura y de clase baja empobrecida con respecto al nivel de vida que alcanzaron sus padres que piensan que los inmigrantes y la globalización son la causa de su pérdida de poder adquisitivo en las últimas décadas. Los seguidores de Hillary Clinton son partidarios de no quejarse por lo perdido sino, como los jóvenes del RU, de buscar un futuro mejor en un mundo más globalizado, de pelear con el resto del mundo (pacíficamente por supuesto) para "make America great again", pero no sobre la base de tratar de volver a un pasado que ya pasó, que ya se fue y que no volverá, sino sobre la base de mejorar cada uno en su propia vida y empujando todos del mismo lado y hacia el mismo sitio. Si todos los estadounidenses mejoran en sus vidas privadas económicas, en sus ingresos y patrimonio, el país mejorará. Pese al dicho tan repetido (una mentira repetida muchas veces no se convierte nunca en una verdad), la historia nunca se repite. Es imposible volver al pasado por mucho que algunos lo añoren.

Los partidarios de Trump están a favor de limitar las importaciones y creen que con esta estúpida medida mejorará el país, de igual modo que los británicos partidarios del brexit en Gran Bretaña quieren alejarse de la zona de libre comercio llamada Unión Europea. De alguna manera unos y otros están enfadados con el establishment de sus países porque creen que todos los males que les pasan, en esencia el crecimiento de la inequidad y el menor poder adquisitivo de los salarios es culpa de los que están arriba, no de ellos. Pero la realidad es otra.

La culpa de lo malo que pasa a la clase obrera de ambos países no es culpa de las importaciones de telas de la India, que se fabrican con unos salarios de pura miseria. Supongamos que en noviembre gana Trump y que el año que que viene el nuevo presidente disminuye la importación de telas de la India. Supongamos que se abren nuevas fábricas de telas en los Estados Unidos (esta política se llama de sustitución de importaciones y ha sido probada repetidamente con evidentes fracasos en toda América latina en el último siglo). Como los trabajadores estadounidenses no solo quieren trabajar sino también quieren ganar más en vez de menos, la diferencia de los 60 dólares que puede ganar al mes un trabajador de la India (o incluso aunque fueran $100 o $200) y los 1.000 dólares que puede ganar un trabajador de bajos ingresos en EE UU lo tiene que pagar alguien. Ya te anticipo que esa diferencia no la va a pagar ni el gobierno ni los empresarios. ¿Adivina quién?

Bueno, en realidad no sabemos a priori quien lo va a pagar, si los consumidores pagando precios más elevados por su ropa o los trabajadores cobrando menos, o una mezcla de ambas posibilidades (yo voto por esta última opción). Quizás se consiga crear más puestos de trabajo, pero al empleado de una empresa química, por ejemplo, va a pagar sin duda más comprando una ropa más cara, mucho más cara. Esto significa una pérdida de poder adquisitivo de los salarios de la mayoría de los estadounidenses, o incluso de todos, pues los trabajadores  que encontrasen trabajo  en el sector de las telas tendrían que aceptar unos salarios inferiores a los que se esperaban encontrar.

El Reino Unido y los Estados Unidos se deben esforzar en vender los productos en los que tienen ventajas. Mientras estoy escribiendo esto estoy viendo un programa de CNN en español en el que se describe bastante bien como los peruanos están creando plantaciones de arándanos y otros frutas (mango, tomate, etc.) para vender a los Estados Unidos incluso en fresco, no solo congelados o en conservas. Son unos alimentos de muy buen nivel productivo con una tecnología de última generación. También he visto otro programa en la misma televisión sobre la exportación de flores colombianas a Estados Unidos. Pero al mismo tiempo colombianos y peruanos emigran a los Estados Unidos, lo que significa que los sueldos son más altos en el último país que en el primero y que en Estados Unidos no hay mucho desempleo.

Nos guste o no, el mundo es cada vez más competitivo, y la mejor manera de afrontarlo no es volver a políticas del pasado desacreditadas hace 50 años, como pretenden los trumpistas de EE UU y los brexistas del RU, sino modernizarse, estudiar, formarse y se competitivos.

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