Tras el brexit el Reino Unido podría estar desintegrándose: Escocia e Irlanda del norte podrían separarse del Reino Unido. Pero hay otras desintegraciones tan importantes que esta:
Una ola de rebeldía cuestiona los liderazgos tradicionales como el de David Cameron en Gran Bretaña y el de los Clinton, Obama y los Bush en Estados Unidos. Muchos ciudadanos piensan que los líderes tradicionales ya no les representan. La ola de manifestaciones y huelgas que se ha producido en Francia contra la reforma laboral de los socialistas franceses, impuesta de algún modo por Europa y el sacrosanto tema de la competitividad puede ser un buen reflejo de ello.
Obviamente esto no ocurre en todos los países. Por ejemplo, parece que la mayoría de los alemanes están satisfechos con su canciller, Angela Merkel, aunque en paralelo también crece la xenofobia entre los alemanes. Pero el crecimiento electoral de partidos de izquierda en España, Portugal y Grecia, y de partidos xenófobos en varios países europeos como Francia, Holanda, Alemania y Austria, responde al mismo patrón que la victoria de la salida en el referéndum británico.
Por debajo del oleaje de los partidos populistas hay una marea de fondo que muchos líderes políticos no quieren ver: la caída de los salarios reales y del poder adquisitivo de las pensiones, el aumento del desempleo, el aumento de la desigualdad en todo el mundo, la mayor dificultad de acceder a una educación pública de calidad y gratuita (el crecimiento de las universidades privadas y las escuelas de negocios en todo el mundo va de la mano de una pérdida de calidad y masificación en las universidades públicas). El lulismo en Brasil se desmoronó como un castillo de naipes borrando con ello la ilusión de que otro mundo es posible.
La última edición del Eurobarómetro, elaborado por las instituciones comunitarias, refleja que menos del 30% de los ciudadanos europeos confían en sus Parlamentos nacionales, a la vez que desciende en todo el continente la confianza en la integración. Crece el euroescepticismo frente al europtimismo de hace dos décadas.
No es una cuestión de ideologías pues este fenómeno ataca por igual a la derecha y a la izquierda. En realidad Donald Trump no es más derechista que sus antiguos rivales por la nominación republicana a la Casa Blanca como Marco Rubio.
Los británicos a favor de la permanencia fracasaron en rebatir las mentiras simples de la campaña rupturista, como la del ahorro de 350 millones de libras semanales que se dedicarían a la sanidad pública si ganaba el brexit. Por ejemplo, la idea de que se puede volver al Estado nacional en sentido clásico, está igual de presente en los eurófobos, en los seguidores de Trump y en los chavistas. "Habría que recordar lo que dijo un conservador como John Mayor: 'Si quieren un Estado nacional en el siglo XXI vayan a Corea del Norte'". Quizás muchos prefieran ir a una dictadura estalinista que les asegure un mínimo de vida y una estabilidad y seguridad antes que depender de los avatares de la globalización y la competitividad. En esto, la Rusia de Putin podría ser otro ejemplo de un estado consistente y firme frente a los avatares y debilidades de las democracias occidentales.
Muchos perciben a los políticos como seres sujetos a los poderes económicos, independientemente de la ideología que tengan. Hay un cierto hartazgo de políticos en el poder duros con los más débiles y blandos con los más fuertes. ¿Suena a populismo barato? En la misma situación estaba Argentina a principios de los años cuarenta y llegó al poder un exmilitar que vio la miseria que había en el pueblo, aseguró que él entendía al pueblo como nadie, creó un partido político que ha dominado la política argentina en las últimas décadas y que es una cueva de ladrones. Se empieza con el populismo (peronismo, trumpismo, lepenismo, etc.) y nadie sabe donde se va a parar. No importa que los populistas sean de izquierdas o de derechas, sino que muchos de los votantes del país pienes en que son de verdad rupturistas.
Hay incluso una manipulación (que no falsificación) de los datos económicos. En EE UU hay un organismo cuyo nombre no recuerdo que se dedica a determinar cuando una recesión empieza y cuando acaba. Para este organismo las recesiones apenas duran un par de años como máximo. Según sus integrantes, la recesión de 2008 hace ya años que terminó (tampoco recuerdo cuando). Pero la mayoría de los estadounidenses no piensan lo mismo: los salarios han quedado estancados desde hace una década y tienen que trabajar un poco más para no perder poder adquisitivo.
El escritor belga David van Reybrouck lo llamó "síndrome de la fatiga democrática". La verdad es que el nombre es muy descriptivo de lo que está pasando. Según este historiador, el sistema democrático apenas ha cambiado desde el siglo XVIII. Para la mayoría de nosotros democracia y voto son sinónimos. Estamos inbuidos de que la única manera de ejercer la democracia es hacer cola delante de una mesa con un urna encima de ella para depositar nuestra papeleta dentro de ella. Pero las elecciones se han vuelto primitivas. Una democracia que se limita a votar una vez cada cuatro años es muy estrecha. De alguna manera es como si voláramos en aviones como los que construyeron los hermanos Wright. Antes de la invención de la imprenta de tipos móviles los reyes y obispos decidían que se publicaba y que no. Desde entonces, el poder democrático no solo de leer, sino también el de crear y publicar en las redes sociales se ha vuelto imparable. Todos somos lectores, escritores y editores a la vez. Cada vez resulta más difícil engañar a la gente. Nuestro modelo democrático clásico patriarcal ya no funciona más y los partidos políticos ya no representan todo el amplio abanico de posibilidades políticas. La democracia occidental se ha convertido en un sistema político vertical, pero en el siglo XXI se va convirtiendo en más horizontal, pero no porque se haya reformado la democracia, sino porque las opiniones políticas se expresan más por otros canales distintos. Nos estamos moviendo desde el centralismo hacia la descentralización del poder, desde lo vertical a lo horizontal, desde lo que se impone desde arriba hacia abajo a lo que se impone desde abajo hacia arriba. Nos ha llevado más de cien años imponer este modelo político centralizado, vertical y de arriba a bajo. Esta manera de pensar ahora se está dando la vuelta. Tenemos que aprender y desaprender. El máximo obstáculo está entre nuestras dos orejas.
Las elecciones son el cómbustible fósil de nuestra democracia. Nos sirvió muy bien durante una época muy larga pero ahora nos está causando un montón de problemas. Debemos buscar como sociedad un nuevo tipo de combustible que nos sriva para los próximos cien años.
David Cameron estudió en Eton. Boris Johnson, exalcalde de Londres, estudió en la Escuela Europea de Bruselas, en Ashdown House School y en Eton. (Fuente).
La Unión Europea siempre ha sido criticada por ser un gigante burocrático, por su escasa representatividad democrática (el Parlamento Europe no tiene casi atribuciones pues el gobierno de Bruselas no depende de él) y por la tardanza en adoptar decisiones.
Otro factor a tener en cuenta es el crecimiento del nacionalismo. Un ejemplo es Rusia. A fines de febrero de 2014 este país realizó una serie de intervenciones militares en Ucrania. Soldados rusos sin insignias penetraron en el territorio de este país. Rusia se anexionó Crimea e intentó expandir la guerra hacia el norte. Un conjunto de países capitaneados por la UE y los EE UU impusieron sanciones económicas a Rusia que produjeron el colapso del rublo durante 2014 y 2015 y la subsiguiente crisis financiera rusa. El rublo cayó más del 50%, del 31,9 por dólar de 2013 a 61,3 en 2015. Para tratar de parar la fuga de capitales, la autoridad monetaria subió el tipo de interés desde el 6,5% hasta el 17 por ciento. esta situación impuesta desde fuera por un conjunto de otros páises se sumó a la caída del precio del petróleo que comenzaba entonces.
En muchos países del mundo esta serie de acontecimientos hubiera acabado con el líder entre rejas o muerto (Libia), pero en Rusia, tal como se puede ver en este gráfico de wikipedia se puede ver como la aprobación subió y la desaprobación bajó desde 2014. A los rusos no les importó que sus ingresos bajaran, especialmente entre los más pobres y la clase media. Valoraron más formar parte de un país con un liderazgo potente.